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“No hay mal que por bien no venga”, nos decían cuando decidimos autoexiliarnos de nuestra antigua revista Cuarto de revelado. Podríamos decir que las razones de este hecho se debieron al azar o a una posición de los astros; podríamos decirlo y no ser certeros. Abandonamos aquel cuarto para construir una utopía: una cabina invisible. Sueño de un físico o de un poeta, ese nombre resuena en este nuevo proyecto que, diga lo que se diga, es uno a largo plazo: el levantar, por nuestras propias manos, un lugar con su revista propia, su editorial, brindando talleres tanto a obreros, estudiantes, jubilados o amas de casa. Un lugar que por hoy es virtual y que ya se compone de esta publicación, de Ediciones del Subsuelo y de La Cabina Servicios, casi como un misterio divino. Todas estas propuestas intentan superar la atadura institucional en la que antes nos encontrábamos, dirigiéndose a ese intersticio entre la literatura y la ciudad, lo intelectual y lo social.
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Felicitaciones, espero que esas ataduras no se transformen un nudo Gordiano, pensando que mientras la cultura se encuentre en la sociedad será posible un mundo mejor.
Alexis Díaz