Entrevista a Willy Thayer
Por Manuel Feliú G.
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El fragmento repetido (Metales Pesados, 2006) de Willy Thayer tiene la peculiaridad de ser un libro hundido en la singularidad, que a cada recodo de su lectura, en cada palabra y en cada frase, estalla disfuncionalmente en múltiples lecturas, un libro en cierta forma antiteorético y subversivo, un suave atentado a la representación que pretende, desde su marginalidad voluntaria, interrogar las bases de la facticidad neoliberal en la que hoy vivimos, y que el autor sostiene, se inicia en nuestro país con el Golpe de Estado del ‘73.
Thayer concibe el libro desde una posición performativa, y al modo del artista visual, compone editando la fragmentación de sus escritos, temporalidades condensadas en conceptos que superpone en distintos niveles, como veladuras subyacentes que conforman un tono. El fragmento repetido es el compendio de 10 escritos publicados en distintos medios, los cuales se someten al formato libro para configurar una dimensión fragmentaria y singular, un flujo de condensaciones de pensamiento en circulación que interrumpen la circulación misma de singularidades intencionales de la facticidad neoliberal.
En un mundo en que los valores de trascendencia están averiados, en parte porque el proceso de su producción se ha hecho visible, en que lo profano y lo sacro tienen valor de cambio, Thayer propone “escritos en estado de excepción”, escritos que asumen la violencia cruda de la facticidad como: El Golpe (de Estado) como consumación de la vanguardia, La crisis no moderna de la Universidad Moderna, el Fin del trabajo Intelectual, Aura Serial, y más. En esta entrevista somos introducidos por él en algunos de estos temas.
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Tú te refieres al Golpe de Estado del ‘73 como el inicio de la escena postvanguardista en Chile, el inicio de lo que llamas el “estado de excepción” ¿Podrías explicar esta tesis?
El gobierno popular de Allende fue un intento de destruir la representación en el marco de la institucionalidad burguesa. Por mucho que el vector del capitalismo de Estado y el otro, de la huelga general revolucionaria, estuvieran presentes ahí como vectores, la revolución allendista era intra-marco. El proyecto clásico de destrucción del Estado como monumento del poder de clase (la teoría leninista de la extinción del estado) fue consumado por el Golpe de Estado contra-vanguardista; Golpe, dictadura y transición que se han pensado a sí mismos como “modernización” del país, es decir, teleológicamente, y por lo tanto subsumiendo la tortura y la desaparición en los procesos de racionalización. La salida de marco no la produce la vanguardia. La dictadura produjo una Constitución Política que operó autoritariamente como marco, pero lo paradojal es que lo que “contenía” esa Constitución era el no-marco de la economía neoliberal. La década de los noventa y del 2000 es, en este sentido, el Golpe y la Constitución de la Dictadura, por segunda vez, es decir, en su efectivo despliegue neoliberal, en donde el marco de la Dictadura se rompe en el arco iris de la neoliberalización.
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¿Cómo debiéramos comprender entonces este “estado de excepción” que se inicia con el Golpe?
El libro se abre citando una conocida sentencia de Walter Benjamin: “la historia de los desposeídos de siempre nos enseña que el estado de excepción es la regla en que vivimos”. En cierta forma lo que este párrafo enuncia es que para los expropiados el estado de excepción no termina nunca. La diferencia Dictadura/Democracia se debilita en el expropiado de siempre, que no tiene el capital mínimo para circular, o que le alcanza sólo para percatarse de su miserabilidad. A ese enunciado quise darle una modulación o resonancia local en cinco puntos, considerando la Dictadura comandada por Augusto Pinochet: 1) La prerrogativa del soberano a declarar el estado de excepción como violencia que suspende el estado de derecho, pero que al mismo tiempo subordina esa suspensión a la regla, a la fundación de Derecho. El ejemplo obvio aquí es el Golpe a la Constitución Política en 1973 y la refundación de otra Constitución Política en 1980. 2) La transformación de un habitus o modo de vida y la fundación de otro, y el proceso doble de infamiliarización que se vive: lo extraño se va volviendo familiar y lo familiar extraño. Anímicamente ese proceso de doble (in)familiaridad se ha denominado “lo siniestro”. 3) El modo como el vencido asume los hábitos del vencedor. 4) La cuestión de la violación permanente en que consiste para lo minoritario transversal, el sólo hecho de habitar en el “estado normal de las cosas”. 5) La proliferación fáctica de la norma, en el mercado de la norma, sin norma general del mercado.
El estado de excepción tiene que ver también, en el libro, con una discusión importante en la filosofía hoy en día, en la que están implicados programas de pensamiento como los de Derridá, Agamben, Esposito, Blanchot, Bataille, C. Schmitt, W. Benjamin, Nancy, Ranciére, Lacue-Labarthe, Bodei, etc., por nombrar los autores que se estudian más directamente acá, y en los que se retoma la filosofía del siglo XVII, el concepto de soberanía, el príncipe, la decisión, el Estado, la comunidad. La cuestión se retoma hoy en el contexto de la crisis de la soberanía moderna. Esa crisis, que es planetaria, llegaría acá con los golpes de estado y las dictaduras conosureñas, y no sólo se expresa en el desmoronamiento de los dispositivos de contención del estado moderno sino también con la desazón de las categorías con las cuales nos representábamos, la política, el arte, la justicia, la verdad, categorías transversales que siguen funcionando en la lengua cotidiana, pero averiadas pues han perdido la potencia referencial que tenían.
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dejando de lado el análisis filosófico – político y haciendo una observación que no sé si viene al caso creo conveniente contar lo siguiente. Hace unos 20 años, cuando estudiaba pedag. en educ. bas., conversando de distintos temas con un profesor de biología, salió a la palestra lo relacionado con el golpe militar del 73. En eso estabamos cuando escuchamos de boca de este profesor (yo y un compañero), que en la residencia del presidente Salvador Allende ( en Morandé o no sé donde) se realizaban verdaderas orgías sexuales. Desde entonces que he mantenido cierta distancia con respecto a todo lo que fué el gobierno marxista de Allende. Solo quería comentar eso. Gracias.
Gracias Hector Miranda por tu vacío, estúpido y improductivo comentario.
Gracias Hector Miranda por tu vacío, chocho e improductivo comentario.